Amanece nuevamente en mi país.
Todo despierta lentamente.
El trino del ave, el alboroto del rió que jamas calla
los corrales que se llenan de tierra y polvo
las rutas se inundan de enormes camiones que como hormigas traban sin parar
el gallo canta sobre la cerca, la peonada se escucha hablar, las caballerizas en su agitar declaran iniciado el nuevo día.
Todo despierta lentamente.
El trino del ave, el alboroto del rió que jamas calla
los corrales que se llenan de tierra y polvo
las rutas se inundan de enormes camiones que como hormigas traban sin parar
el gallo canta sobre la cerca, la peonada se escucha hablar, las caballerizas en su agitar declaran iniciado el nuevo día.
Mientras esto pasa, también pasan cosas donde no llega la vista, donde el progreso se detiene donde la esperanza no es más que una palabra sin sentido que usan los poetas para mitigar la condena que cierne sobre los hombros de mujeres y hombres que amanecen cada día con la panza vacía y se retiran de su labor cuando las estrellas arrancan de los campos como yerba mala. ¿Donde está la esperanza para ellos? ya ven que es sólo una palabra nada más.
Hay una enorme contradicción entre el progreso y la felicidad y esa se llama esperanza.
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